El filósofo alemán Theodor Adorno y el poeta español Gerardo Diego —ambos grandes melómanos—, distinguían dos clases de talento: el de aquellos que saben reconocer el valor excepcional de un artista, y el del músico sublime que es dueño de aquella genialidad.
Por Luis Miguel Iruela
Publicado el 23.2.2025
Amadeus es una película rodada en 1984 sobre la obra dramática homónima de Peter Shaffner de 1979. Es una representación libre y ficcional de la vida de Mozart y sus relaciones con Antonio Salieri, compositor, a la sazón, de la corte de José II de Austria.
El filme fue dirigido por Milos Forman, realizador checo que cuenta en su haber con un buen acervo de interesantes obras audiovisuales como: Los amores de una rubia, Taking off, Alguien voló sobre el nido del cuco, Hair, Ragtime, Valmont, entre otras.
Así, y en el largometraje que nos ocupa, se muestra como el ideal de Salieri es el genio de Mozart.
Por eso, al igual que mucha otra gente que otorga a la persona dueña de la luminaria toda clase de perfecciones, incluso las morales, Saliere no puede admitir que ese talento maravilloso surja en alguien vulgar o grosero (como un «mono amaestrado», califica a Mozart), y el cual prodiga sin tacañería y con toda espontaneidad la grandeza de su música.
Salieri apuesta de sí mismo a que él posee un tipo de inteligencia que le conduce a apreciar el verdadero genio cuando lo tiene delante de sus narices.
Theodor Adorno y Gerardo Diego, ambos grandes melómanos, distinguían dos clases de talento: el de aquellos que saben reconocer el valor excepcional de un artista, y el del músico sublime. Salieri representa el primero de ellos, Mozart el segundo.
Su ideal, por tanto —el ideal que desea Salieri para sí mismo— es tener esa destreza única que no tiene y culpa a Dios por no haberle concedido lo que cree merecer por su estudio y esfuerzo. Sufre un agravio de Dios, ya que este lo regala a manos llenas a un Mozart de conducta estrepitosa e impertinente.
En efecto, Salieri siente envidia y celos.
El arte auténtico
Según el análisis fenomenológico de los sentimientos que hace Phillip Lersch en su estimulante libro La estructura de la personalidad, la envidia es el «querer y quitar». La vida en el caso de la película. En esto se asemeja al odio. Por eso en su delirio, Salieri se auto acusa de haber dado muerte a Mozart.
Los celos, sin embargo, es el «querer y tener para sí». En este sentido las cualidades del otro, y de alguna forma Salieri lo consigue al colaborar con su rival en la composición del Réquiem final.
Experimenta Salieri, de este modo, el antídoto natural de la envidia, que es la admiración. Al menos por unos momentos.
Con todo, Salieri se vive como un excluido del gran talento, el cual no ha podido conseguir y siente el desprecio de Dios ante sus esfuerzos, sus insomnios y sus más profundas aspiraciones. Y por ello, se hunde en un pozo atrabiliario en el que aparecen las ideas delirantes de culpa y el intento de suicidio por su impotencia.
Dios le ha negado, para su desesperación, la clarividencia que le ha pedido. Dios es injusto, ya que él no se merecía este trato. Parece encontrarse sumido, entonces, en una depresión psicótica.
Cuenta Truman Capote en el prólogo de su obra Música para camaleones que, cuando empezaba a escribir, tomó conciencia de la distancia que había entre hacerlo con corrección y escribir bien. Pero más tarde comprobó la altísima diferencia que hay entre ser un buen escritor y el arte auténtico.
Salieri percibe en presencia de Mozart que la luz de la música es un don y que el deseo, el trabajo, la oración y el éxito no son suficientes para lograr el genio verdadero. ¿Hay para él algo más parecido al infierno que esto?
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Luis Miguel Iruela es poeta y escritor, doctor en medicina y cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en psiquiatría, jefe emérito del servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), y profesor asociado (jubilado) de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dentro de sus obras literarias se encuentran: A flor de agua, Tiempo diamante, Disclinaciones, No-verdad y Diccionario poético de psiquiatría.
En la actualidad ejerce como asesor editorial y de contenidos del Diario Cine y Literatura.
Tráiler:
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Luis Miguel Iruela
Imagen destacada: Amadeus (1984).