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[Crítica] «Perfect Days»: La fe humana en un mundo cada vez más apocalíptico

La nueva obra audiovisual del inmortal Wim Wenders —el estreno más importante de esta semana en la cartelera española— es un filme a fuego lento, un homenaje al gran Yasujirō Ozu, un tributo a la edad de oro de la música popular y a las técnicas de los analógico por encima de la era digital.

Por Rafael Recuenco Gutiérrez

Publicado el 9.1.2024

Hay películas que dejan una huella imborrable y un espacio permanente en nuestro subconsciente. Son aquellas que desearíamos poder volver a verlas por primera vez. Cuando vi Cielo sobre Berlín en la última edición del BCN Film Fest supe que se convertiría en una de mis obras favoritas y que siempre tendría un pedacito de mi alma esculpido con el nombre de Wim Wenders.

Esta semana se proyectó, por primera vez en España, Perfect Days, el último trabajo del director alemán. Como era de esperar se agotaron las entradas y la gente acabó dándose codazos —incluso gritos— para conseguir el mejor sitio en una sesión no numerada. Y, realmente, la ocasión lo merecía.

Así, el último filme del realizador germano nos muestra la vida de Hirayama (Kôji Yakusho), un limpiador de retretes de Tokio que parece totalmente satisfecho con su sencillo y meticuloso modus vivendi. Fuera de su estructurada rutina diaria, disfruta de su pasión por la música, la lectura y la fotografía analógica. Paulatinamente, una serie de encuentros inesperados revelarán un pasado traumático que lo han llevado a la humildad de vivir un presente simple y agradecido.

Pero, ¿cuáles son los verdaderos motivos para visionar este largometraje?

 

En la belleza etérea de lo cotidiano

En primer lugar, la interpretación de Kôji Yakusho —galardonado en el Festival de Cannes por la mejor interpretación masculina— está a la altura del monte Fuji. Es un hombre reservado, poco hablador y que no necesita más que la mirada, el silencio y la sonrisa para poder expresarse. Excelencia interpretativa en su pureza más genuina.

Luego, en segundo término, la coproducción japonesa y alemana de 124 minutos se enmarca en el formato 4:3, con una fotografía hermosa y cautivadora, a cargo de Franz Lustig, el director de imagen con el que Wenders ha trabajado en los últimos veinte años. El azul del uniforme de Hirayama, el verde de los árboles que fotografía diariamente y la luz violeta de su pequeño hogar es la principal paleta de colores que combinan como anillo al dedo.

En tercer lugar, el guion, escrito por Wenders y el productor japonés Takuma Takasaki, carece de diálogos superficiales e innecesarios y se enmarca en un mutismo y un sosiego que reflejan la personalidad de Hirayama.

La primera hora del filme es puramente contemplativa, con algún guiño cómico, y a pesar de la repetición constante de la rutina del protagonista, Wenders consigue atrapar al espectador y hacerlo pensar sin la necesidad de utilizar la palabra como método narrativo.

Una vez llegamos a la segunda parte, descubriremos unas pinceladas del pasado traumático de Hirayama, que lo han hecho cobijarse en un presente humilde, agradecido, ordinario y perfeccionista. Tanto en su trabajo limpiando lavabos públicos como en su ocio por la fotografía analógica.

El cuarto motivo es la combinación del paisaje de Tokyo con la edad de oro del rock anglosajón, que resuenan en los corazones de los amantes de aquel período musical luminoso. The Animals, Patti Smith, The Rolling Stones, The Velvet Underground, The Kinks, Van Morrison y Lou Reed, entre otros. Este último —quien apareció en ¡Tan lejos, tan cerca!, la segunda parte la segunda parte de Cielo sobre Berlín— con su ya mítica Perfect Day, que da título a la película.

Hirayama circula en su furgoneta con sus antiguos cassettes y su pasión por la música es tal que cuando le ofrecen una buena suma de yenes por ellos, reniega de la oferta. Su felicidad de ir conduciendo de lavabo en lavabo acompañado de álbumes favoritos no tiene precio y no está a la venta.

Perfect Days es una obra a fuego lento, un homenaje al gran Yasujirō Ozu, un tributo a la edad de oro de la música y a lo analógico por encima de lo digital. Todo se encuentra en la belleza etérea de lo cotidiano, de las pequeñas cosas y deja una libre interpretación al espectador sin la necesidad de dárselo masticado. Suyas son las conclusiones, qué dirían.

La guinda del pastel llega con la escena final, Tokyo amaneciendo al ritmo de Feeling Good, de Nina Simone. El intelecto visual alemán, la música afroamericana y la interpretación japonesa se unen en una secuencia que no dejará indiferente a ninguno de los asistentes.

Wenders devuelve al público la fe humana en un mundo cada vez más apocalíptico. Esto es cine, lo demás son tonterías.

Por último, cabe mencionar que Perfect Days es el largometraje de ficción candidato de la industria audiovisual japonesa para competir por el premio Oscar 2024, en la categoría de Mejor Película en habla no inglesa, y que el filme se estrena el próximo viernes 12 de enero en la cartelera cinematográfica de las salas españolas.

 

 

 

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Rafael Recuenco Gutiérrez es graduado en periodismo por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España).

 

 

 

 

Tráiler:

 

 

 

Rafael Recuenco Gutiérrez

 

 

Imagen destacada: Perfect Days (2023).

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